13 de mayo de 2008
La V Cumbre de América Latina, el Caribe y la Unión Europea (ALC-UE), se desarrollará los próximos días 16 y 17 de mayo en la capital peruana.

La Unión Europea llega a la reunión cumbre con América Latina y el Caribe en Lima unida detrás de sus intereses y objetivos. Pero se encontrará con una región con enemistades y conflictos bilaterales a flor de piel que le dificultan forjar una identidad propia y erigirse con una voz única.
En esta nueva cumbre, volverán a verse las caras el presidente colombiano, Alvaro Uribe, y sus pares de Ecuador y Venezuela, Rafael Correa y Hugo Chávez, después del entredicho y la reconciliación pública de los que fueron protagonistas en marzo pasado en República Dominicana.
Pero la tensión volvió a crecer desde entonces y así como también la expectativa sobre como continuará la relación de Colombia con Ecuador, después del conflicto por la fumigación de cultivos de coca en la frontera y el bombardeo colombiano de un campamento de las Fuerzas Armadas de Colombia (Farc) en territorio ecuatoriano.
Las negociaciones con las Farc para la liberación de sus rehenes también será otro punto de disenso, en especial con Venezuela después de que Uribe despojó a Chávez del papel de mediador.
Es una incógnita en tanto cómo se desarrollará la relación entre México y Venezuela, ya en vías de normalización pero sin que sus mandatarios se hayan reunido aún personalmente después del conflicto entre el ex presidente Vicente Fox y Chávez en la Cumbre de las Américas de 2005.
Venezuela tampoco formalizó todavía su ingreso como socio pleno al Mercado Común del Sur (Mercosur), que integran Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, una alianza con desequilibrios internos y demandas de los países más chicos que pese al correr de los años todavía no fueron satisfechas.
La relación entre el gobierno de Chávez y Argentina quedó recientemente mellada por la decisión de Caracas de nacionalizar la siderúrgica Sidor, controlada por Techint, uno de los mayores consorcios empresariales argentinos. Pero la necesidad de energía allana diferencias y ministros argentinos se acercaron para negociar el envío del vital combustible venezolano.
La energía es otro punto de debate en busca de un delicado equilibrio. Argentina quedó resentida por la falta de acuerdo con Bolivia y Brasil para abastecerse de un mayor volumen de gas, mientras que a la vez Buenos Aires suele reducir sus envíos del fluido a Chile cuando enfrenta riesgo de desabastecimiento.
Y la nacionalización de petroleras en Bolivia por parte del presidente Evo Morales tensó la cuerda con varios países vecinos y España.
Los países que se propusieron terciar como mediadores, como por ejemplo Perú para el caso entre Colombia y Ecuador, avanzan con pie de plomo para evitar un coste mayor si se fracasa en el intento y más aún si no cuentan con el apoyo total de los países involucrados.
Los jefes de Estado y de gobierno que asistirán a la cumbre en Lima saben que los acuerdos en bloque con la Unión Europea vienen demorados.
El Mercosur nunca pudo avanzar de forma categórica en la creación de una zona de libre comercio con el viejo continente. Mientras tanto, es probable que el acuerdo de asociación de la UE con la Comunidad Andina de Naciones se mueva a ritmos dispares, según el país andino del que se trate. Con Perú y Colombia, más rápido que con Bolivia y Ecuador.
El desorden interno continúa si se tienen en cuenta varias de las iniciativas lanzadas en la región y que poco pudieron avanzar hacia su concreción, como por ejemplo la Organización de Países Productores y Exportadores de Gas de Sudamérica (Oppegasur), el Banco del Sur y Unasur, entre otras.
Chávez intenta erigirse como líder de la región, muchas veces enviando petróleo barato a países importadores de crudo. Lo cierto es que Brasil y México llevan la delantera en sus respectivas regiones de influencia, Sudamérica y Centroamérica, con una cintura política que los deja al margen de los debates de sus países vecinos, mientras el presidente venezolano no puede evitar generar tanto amor como antipatía.
El próximo viernes, los mandatarios de América Latina y el Caribe y la Unión Europea se volverán a sentar a la misma mesa y del nivel de unificación interna dependerá su capacidad para dar un paso más hacia una alianza transatlántica.
La otra opción es que vuelvan a salir a debate las rencillas internas y expresiones de buena voluntad de cara al futuro, comprometido por la crisis financiera internacional y el cambio climático, en una cita que puede cobrar más importancia por los acuerdos bilaterales que alcance que por su amalgama.
DPA