19 de mayo de 2008
Según la ONU, las bombas de racimo constituyen un peligro mortal para la población en una treintena de países.

El papa Benedicto XVI aprovechó hoy un viaje pastoral de dos días a la Riviera italiana para hacer un llamamiento a favor de la prohibición internacional de las bombas de racimo.
El jefe de la Iglesia Católica rezó en Génova "por las víctimas de las bombas de racimo y sus familias". Al mismo tiempo, deseó mucho éxito a la conferencia internacional sobre esas bombas que comenzará el lunes en Dublín, convocada para plasmar en una convención la prohibición de esos "artefactos mortíferos".
Es necesario crear para esta prohibición un "instrumento internacional creíble y fuerte", dijo el Papa durante el rezo del Ángelus en la ciudad portuaria de Génova.
Según la Organización de las Naciones Unidas, las bombas de racimo constituyen un peligro mortal para la población en una treintena de países.
Este tipo de bombas lanzan sobre una gran superficie enormes cantidades de pequeños artefactos explosivos, que matan de forma indiscriminada. Muchos de esos artefactos no llegan a explotar, por lo que suponen un peligro para la población incluso muchos años después de haber sido lanzados durante conflictos bélicos.
Sin embargo, varios diplomáticos que participarán en la conferencia de Dublín pusieron hoy en duda que la reunión concluya con una prohibición mundial del uso de las bombas de racimo, debido a que los principales productores de estas bombas, como Estados Unidos, Israel, China, Rusia, la India y Pakistán, no participan en la conferencia o sólo en calidad de observadores.
Aun así, el ministro de Relaciones Exteriores de Irlanda, Michael Martin, subrayó la necesidad de que la conferencia de Dublín acuerde elaborar una "convención que prohíba el uso, la producción, la proliferación y el almanecamiento de las bombas de racimo, que causan a los civiles un sufrimiento inaceptable".
La conferencia, a la que asistirán representantes de más de 100 países, desarrollará sus trabajos hasta el 30 de mayo. El objetivo es firmar un acuerdo que prohíba las bombas de racimo a principios de diciembre en Oslo, ya que Noruega fue el país que el año pasado tomó la iniciativa de promover la elaboración de esa convención.
DPA