latercera.cl

19 de mayo de 2008

MUNDO

Latinoamérica destina millones de dólares para paliar efectos de crisis de los alimentos

Las medidas tomadas por los gobiernos de la región incluyen bonos para los pobres en Chile, control de precios en Venezuela y suspensión de exportaciones en Brasil.


18/05/2008 - 11:04

Los gobiernos de América Latina destinaron las últimas semanas millones de dólares para evitar que la crisis alimentaria derive en conflictos internos y arrastre a la pobreza a diez millones de personas hacia fines de 2008, como alertó la CEPAL.

El dispar abanico de medidas incluyó planes de ayuda a campesinos en Costa Rica y México, bonos para los pobres en Chile, control de precios en Venezuela, compras de granos en Nicaragua, suspensión de exportaciones en Brasil y apoyo a la producción privada en Cuba.

También abrieron negociaciones para crear un fondo regional que socorriera a los países más afectados como Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua, donde 2,5 millones de personas cayeron ya en subnutrición, según FAO.

Hasta ahora, sin embargo, nada evitó que el pan quintuplicara su valor en Bolivia y superara los dos dólares en Chile. Tampoco que el arroz subiera 60 por ciento en México y 35 por ciento en Brasil. O que la leche elevara un tercio su precio en Paraguay.

En un primer balance, nueve millones de niños de hasta cinco años están hoy desnutridos en la región, de un total de 30 millones que padecen hambre, según FAO, UNICEF y UNESCO.

Por ello, la carestía alimentaria, que persistirá hasta 2015 según el Banco Mundial, es hoy "un asunto de seguridad nacional" para la mayoría de los países, que son importadores netos de nutrientes, como dijo desde su retiro el líder cubano Fidel Castro.

Por ejemplo, México debió comprar en el extranjero durante 2007 un 42,7 por ciento de su demanda de arroz, maíz y oleaginosas. En Costa Rica estas adquisiciones subieron hasta 50 por ciento.

Pero la crisis también mejoró los términos de intercambio del sector agrícola, abriendo una oportunidad para elevar la producción en el campo, donde viven 41 millones de indigentes, opinó el representante regional de FAO, José Graziano.

Los grandes obstáculos por ahora son la falta de nuevas tierras cultivables, que sólo Brasil posee en abundancia, y la escasez de tecnología. También, por cierto, el impacto ambiental y social de iniciar plantaciones a gran escala, según el funcionario.

En Paraguay, por ejemplo, la superficie plantada de soja subirá 40 por ciento y llegará a cuatro millones de hectáreas a 2010, en detrimento de otros cultivos necesarios para la alimentación.

Pero también hay grandes beneficiados como Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, países que generan más de la mitad del producto agropecuario regional, valorado en 122.000 millones de dólares sobre una superficie explotada de 720 millones de hectáreas.

De hecho, un estudio del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca de Uruguay reveló que los márgenes de ganancia para los productores nacionales de trigo, cebada, maíz y arroz subieron al menos sobre 200 por ciento desde la devaluación de 2002.

En Brasil, por su parte, la producción de granos está estimada para 2008 en 142,6 millones de toneladas, un récord histórico.

En ese marco, la producción de alimentos, en un subcontinente que siempre fue un exportador neto de nutrientes, se está convirtiendo en un asunto estratégico, incluso en las relaciones geopolíticas.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, empeñado en acrecentar su influencia regional, lanzó de hecho una iniciativa para cambiar petróleo por alimentos en el marco del ALBA.

En República Dominicana, a escala más modesta y al fragor de la lucha por su reelección, el presidente Leonel Fernández esbozó el desafío de convertir a su país "en el granero del Caribe".

Por ahora, y como muestra la crisis del campo en Argentina, la crisis parece dejar más daños que beneficios, debido sobre todo a que la cadena de comercialización de los alimentos presenta en América Latina estructuras que concentran la riqueza, antes que repartir los beneficios.
dpa

EL DÍA