En investigaciones realizadas con animales, los científicos demostraron que el Ritalín es capaz de aumentar la actividad de los neurotransmisores, llamados dopamina, encargados, por un lado, de la capacidad de atención y, por otro, del aprendizaje.
La sustancia tendría estos efectos al aumentar la plasticidad cerebral, esto es, reforzando la comunicación entre neuronas. “Sabemos que el Ritalín mejora el comportamiento a través de dos específicos receptores de neurotransmisores, el hallazgo nos puede ayudar al desarrollo de drogas más específicas, con menos efectos secundarios, y que sean más eficaces para mejorar la concentración y el aprendizaje”, dijo Antonello Bonci, investigador principal de la Clínica y Centro de Investigación Ernest Gallo, y uno de los autores del estudio.
Una premisa que comparte Amanda Céspedes, neuropsiquiatra infantil del instituto de Neurociencias Aplicadas a la Educación y Salud Mental del niño, quien señaló que en Chile han demostrado que la droga incrementa la capacidad de organizar la información, planificar las acciones que subyacen a una tarea cognitiva, incrementa el tiempo de atención focal, la memoria de trabajo, el rastreo de datos, entre otros beneficios.
Sin embargo, recalcó, que el Ritalín no es un remedio. “Es un regulador, que bien utilizado pueden ser una excelente herramienta de apoyo, pero en el entendido que forma parte de un programa integral de ayuda al pequeño con síndrome de déficit atencional u otra dificultad”, dijo.
Céspedes, especialista en neuropsiquiatría infantil, agregó que el medicamento en sí “no resolverá los problemas académicos o disciplinarios de un niño, es un error que cuesta caro, ya que el menor a menudo necesita de otros apoyos, especialmente en el plano afectivo”.
En el experimento, cuyos resultados fueron publicados en la revista Nature Neuroscience, se comparó la capacidad de aprendizaje de las ratas, que recibían Ritalín y las que no, después de ser estimuladas con una señal –una luz y un sonido-. Como recompensa, recibían agua azucarada.