LA PERCEPCION sobre los avances de la reconstrucción luego del terremoto del 27/F de 2010 es diversa. En algunas instancias se ha instalado la idea de una supuesta lentitud en el proceso, y cobra sentido la pregunta que se hace el ministro de Vivienda y Urbanismo: "¿Lento respecto de qué?".
La reconstrucción siempre será lenta y compleja desde la experiencia de los damnificados, de esas miles de familias que aún sufren el hacinamiento y las incomodidades de una mediagua de emergencia, que esperan el inicio de obras o aún no han recibido ese "puente de certidumbre" que es el subsidio de reconstrucción. Si hay alguien que reconoce la desesperación de las familias damnificadas somos quienes trabajamos para ellos, que no olvidamos la profundidad y complejidad de la tarea. Estamos hablando del terremoto más disperso jamás registrado en la historia, afectando a más de 23 mil asentamientos humanos distribuidos en 237 municipios, donde cada comunidad debe ser el epicentro de la reconstrucción.
Japón, con todos sus recursos y capacidad, anunció que tomará 10 años en reconstruir y tres en tener las viviendas de emergencia. La reconstrucción de Nueva Orleans luego del huracán Katrina se tomará 11 años, siendo el número de viviendas destruidas similar al nuestro y concentradas en una sola región. La vara de comparación son las ambiciosas metas impuestas por el Presidente, como tener el 100% de las familias damnificadas de las aldeas de emergencia con sus viviendas terminadas o en franco estado de avance antes del próximo invierno, o tener el 90% de las soluciones terminadas para febrero de 2013 y el 100% a cuatro años del terremoto. Son metas muy difíciles, pero estamos comprometidos a cumplirlas, ya que sin metas ambiciosas no hay reconstrucción.
Hoy tenemos más de 150 mil subsidios entregados, 50 mil obras terminadas y estamos prontos a iniciar la obra número 100 mil de la reconstrucción. Por otra parte, ya estamos cerrando la fase de planificación, con más de 130 Planes Maestros de Reconstrucción y Regeneración Urbana terminados, que generaron una amplia cartera de proyectos de obras urbanas y mitigación de riesgos que ya comienzan a ver la luz en Dichato y Constitución.
El ministro de Vivienda ha sido enfático en reconocer que la medida de los tiempos de la reconstrucción se concentró inicialmente en el número de subsidios entregados, los planes realizados y las primeras piedras, ahora avanzamos a paso seguro en una nueva fase de ejecución, donde esta primavera aflorarán los tijerales, visitas de obras e inauguraciones, que mejorarán el ánimo y percepción del proceso. La única forma de reparar las heridas del 27/F es si tomamos conciencia de la pérdida que vivimos, y desde ese luto, cimentar la reconstrucción. Debemos entender la magnitud de la tarea, recuperar el sentido de unidad y hacernos todos corresponsables del proceso: vecinos, dirigentes, municipios, ONG, constructoras y autoridades.
El verdadero éxito de la reconstrucción no estará en cumplir las metas, sino en que los miles de ciudades, pueblos y familias afectados se levanten más vivas, unidas, bellas y resilientes que antes.